jueves 30 de julio de 2009
El debut en solitario de Stuart Murdoch, líder de Belle & Sebastian
God Help The Girl - Funny Little Frog
Corría Stuart Murdoch por la campiña escocesa realizando otra actividad, como la ingesta de alcohol o la heterosexualidad, que tanto sorprenden a parte de los fans de Belle and Sebastian (B&S), cuando una canción se le apareció. Paró, sacó el bloc de notas que siempre lleva encima, incluso cuando corre bajo la lluvia, y apuntó la letra. “Eso fue hace cinco años”, recuerda desde la cocina de su casa en Glasgow, tras fregar los platos, como buen marido sensible. “La canción me vino entera. Letra, melodía e incluso algún arreglo. Siempre me surgen ideas para canciones mientras corro. Pero supe que aquella era diferente. No era un tema de B&S”. El tema acaba de editarse, se titula God help the girl y da nombre a un proyecto que incluye un álbum y el guión de un filme que espera dirigir personalmente y al que anda dando los últimos retoques. “Empecé a ensayar cosas de este proyecto con la banda. Algún tema de The life pursuit [el último disco de B&S, de 2007] iba a ir en este proyecto, pero, al final, no ha sido así. Soy muy poco fiel a mis ideas”, comenta Murdoch, quien desde un principio supo que la historia de la chica solitaria no la podía, esta vez, cantar él. “Luego, cuando llegara el filme, ¿qué haría? En serio, no sé cómo saldrá la película, pero me apetecía jugar a Phil Spector. Sin pistolas, claro”.
Puso un anuncio buscando cantantes en un diario de Glasgow y otro en Internet. Se presentaron más de 400. “La idea era llamar a las Ronettes, pero no estaban disponibles, así que busqué chicas y me quedé con una protagonista y dos más. Yo canto en un tema y Neil Hannon [líder de The Divine Comedy], buen amigo, en otro”. El papel principal en este disco lo tiene Catherine Ireton, cuya presencia y timbre de voz poco tienen que ver con Isobel Campbell, la cantante original de B&S, aunque los arreglos y la composición de los temas sí que recuerdan a la época de la rubia.
Este maravilloso God help the girl es lo más cerca que va a estar jamás Stuart Murdoch de editar un disco en solitario en su vida. “Este tipo de proyectos están muy bien cuando se te ocurren y cuando los ves realizados. Por el camino son una prueba de carácter. Mi mujer casi me echa de casa por no dejarla dormir por las noches, cuando me despertaba con ideas para canciones o pesadillas en las que aparecía un productor y me ponía un ayudante para escribir el guión. Al final, recordó que si salía bien el proyecto, pagaría el alquiler, y casi me despertaba a propósito a ver si se me ocurría algo. Para asegurarme de que no me meto en otro lío como éste, ya no salgo a correr. Ahora me dedico sólo al fútbol, un deporte sin riesgo musical. Si me paro en un córner a escribir una letra, el resto del equipo me pega una paliza”.
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domingo 26 de julio de 2009
La fuerza de un extraterrestre - Escrito por Ricardo Mora
Alberto Contador visits Trek Bikes Headquarters
Hace ya una semana que Alberto Contador demostró en la subida al Verbier que es el mejor ciclista del momento. Los últimos 8,5 kilómetros desde Bruson a dicho alto tienen una inclinación del 7,6% y tardó algo menos de 21 minutos en subirlos. Algunos han hecho números y no les salen las cuentas. Dice Greg Lemond que para subir a los 24,3 kilómetros por hora de Alberto se requiere tener un consumo de oxígeno extraterrestre.
Con una bicicleta de ocho kilos y con sus 62 kilos de peso, Contador requirió para subir a esa velocidad 437 vatios. Para vencer la fuerza de la gravedad, 353; 45 más para el viento, 29 en el rozamiento de los delgados tubulares con el asfalto y 10 en la fricción de la cadena y los bujes.
Cuando a Alex Zulle y sus compañeros del glorioso Banesto se les ponía a 437 vatios en el laboratorio, su consumo de oxígeno era de 4,9 litros por minuto. Es muy probable que el consumo de oxígeno máximo de Alberto ronde los 5,2 litros por minuto (esto es, 85 mililitros por kilo de peso).
La pregunta que Lemond no supo hacer es: ¿Puede un fondista de élite aguantar al 94% de su máximo consumo de oxígeno durante 21 minutos?
Los atletas de los 3.000 metros obstáculos corren toda la prueba (unos ocho minutos) al 100% del consumo máximo. Los de 5.000 lisos (13 minutos) rondan el 96%. Con esta perspectiva, los 21 minutos al 94% de Contador no parecen tan extraterrestres. Aparte, en la bicicleta hay otros factores. Tras unos ocho años de entrenamiento intenso, se gana eficiencia y se consume menos oxígeno.
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Ricardo Mora es fisiólogo del ejercicio de la Universidad de Castilla-La-Mancha
sábado 25 de julio de 2009
Los aficionados - Esc rito por Eugenio Fuentes

El terreno de juego del ciclismo abarca el país entero donde se desarrolla la carrera, las bandas laterales son las cunetas y los quitamiedos y cualquier punto de la carretera sirve para trazar la línea de meta. Para asistir a este espectáculo no hay que pagar, porque ningún club ni presidente es dueño de la cancha. La visión de las gradas alpinas y pirenaicas tomadas por miles de aficionados que acampan en los prados durante días para poder contemplar durante unos minutos el paso de los corredores aumenta su interés. Sin ellos, sin sus gritos en veinte idiomas diferentes, sin su pasión, sin los colores de todas las banderas ondeando, el ciclismo no brillaría tanto.
En esta fiesta algunos de los aficionados son ya viejos conocidos y un año tras otro los encontramos en las cunetas, fieles a la cita, disfrazados de arlequín o de gondolero, de supermán o de diablo rojo -el entrañable Didi-. Nunca falta un grupo de monjas que aplaude en la puerta de un convento, ni un acalorado en tanga estorbando el paso. Otros se suben a las palas de las excavadoras para ver mejor, corren a caballo en paralelo, hacen olas con cartulinas amarillas y alzan a sus hijos sobre los hombros para que el desfile de las bicicletas se grabe para siempre en los ojos infantiles. Los más entusiastas escriben con heno en las praderas, con piedras o con telas, mensajes de vivas y de apoyo y rotulan en el asfalto con pintura blanca el nombre de sus ídolos.
Creo que ninguna afición deportiva es tan ecuánime y noble como la del ciclismo. Sus adeptos no hacen del rival un enemigo y hasta ahora no ha servido de pantalla para organizaciones nazis o racistas ni ha sido un reducto de ultras, ni de barras bravas, ni de skins. Los fans que invaden las rampas de los puertos aplauden con entusiasmo la llegada de sus ídolos, pero no insultan a sus rivales, no los agreden, no les lanzan a la cabeza monedas ni mecheros ni botellas de agua congelada. Al contrario, animan a todos, al margen del país o del equipo al que pertenecen, les ofrecen bebida, respetan su sacrificio y valoran su esfuerzo. A poco que se dejen llevar por sus impulsos harán algo prohibido: empujar durante unos metros al ciclista que se tambalea exhausto en mitad de una rampa.
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viernes 24 de julio de 2009
Escaladores contrarrelojistas - Escrito por Ricardo Mora
1958 Tour de France
Hasta hace pocos años era fácil clasificar a la fauna ciclista. Estaban los rodadores, ciclistas grandes de 1,86 metros de altura y 76 kilos de peso. Son especialistas en dar la cara en las etapas largas y llanas, en las que se va a 45 km/h y después les queda fuerza para ayudar al sprinter. Para su gran envergadura suelen tener un control exquisito de la bicicleta a la hora de evitar las caídas.
Después estaban los contrarrelojistas, no tan voluminosos (1,81 y 71 kilos de peso), ya que la resistencia al aire es un factor a evitar, pero algo más potentes. Los contrarrelojistas se entrenan para tolerar la acidez muscular que produce mover un 54 (plato)-12 (piñón) durante una hora. Por último, estaban los escaladores, pequeños y afilados con 1,75 metros de altura pero sólo 62 kilos de peso. Son capaces de generar grandes picos de potencia en las arrancadas en proporción al peso que tienen que transportar. Son los campeones en esta tarea generando hasta seis vatios por kilo de peso durante las subidas a puertos.
Indurain y Armstrong comenzaron a alterar esta jerarquía. Morfológicamente pertenecían a los contrarrelojistas, pero pasaban la montaña con sobresaliente. Ahora estamos asistiendo a la otra hibridación: convertir a un escalador en un contrarrelojista sobresaliente. Contador lo ha conseguido, Carlos Sastre está en ello. Han tenido que entrenarse para que la acidez muscular no se produzca tan rápido y poder mantener 380 vatios durante una hora. Los músculos y la sangre se ocupan de amortiguar esa acidez utilizando proteínas y el bicarbonato de las células rojas. El entrenamiento interválico es la herramienta para lograr estas adaptaciones. Así que, cuando les veamos hacer series en la carretera, dejémosles paso.
Ricardo Mora es fisiólogo del ejercicio de la Universidad de Castilla-La Mancha
jueves 16 de julio de 2009
El 'sprinter' - escrito por Eugenio Fuentes
Laurent Jalabert 1994
Para el sprinter sólo importa el instante de cruzar la meta. Los 200 kilómetros anteriores le resultan indiferentes: no sirven más que para calentar el caucho de las ruedas, para afilar el aluminio de las llantas y para engrasar la cadena, de modo que en la recta final pueda lanzarse a 60 kilómetros por hora, con el manillar ardiendo entre las manos y todo el desarrollo en los piñones. Al sprinter tampoco le importa el tiempo que saque a los demás, sino la posición: cambiaría una hora de una etapa de montaña por esa décima de segundo que permite ganar un sprint. Su prestigio no se basa en la paciencia de amontonar segundos día a día para la clasificación final, sino en una sucesión de éxtasis breves, fulgurantes, nerviosos.
Acostumbrado a frecuentar el podio, a oír su nombre en el estruendo de los altavoces, a aparecer en el primer plano de las fotografías, ama el brillo y la exhibición. Frente a los escaladores, que suelen ser discretos, suspicaces, calculadores y prudentes, el velocista tiende a ser extrovertido, parlanchín, temerario, arrogante. Para él no hay término medio en la carrera, el éxito o el fracaso tienen grados absolutos: o cruza el primero la línea de meta, o no es nadie, queda reducido a la humillante condición de telonero. Tampoco tiene un futuro subalterno. El escalador de hoy puede ser un excelente gregario de mañana, pero al velocista le resulta difícil envejecer con dignidad dentro del pelotón. Es inusual que el sprinter de ayer acepte una función interina mientras espera un retiro boreal hundiéndose poco a poco en el pozo anónimo de las clasificaciones.
En los últimos años han prevalecido los velocistas altos y grandullones, copiados del molde del Rey León Cipollini: Tom Boonen, Thor Hushovd. Sin embargo, la magnífica tradición que continúa Mark Cavendish habla de tipos pequeños, de piernas poliédricas, con una venenosa velocidad en sus rodillas, pistones en las caderas y alas en las pantorrillas: Djamolidine Abdoujaparov, Jalabert, Zabel, McEwen, Freire. La vieja pregunta, pues, sigue en el aire: ¿quién corre más rápido, un caballo o un conejo?
miércoles 15 de julio de 2009
La alimentación en la bici - Escrito por Ricardo Mora
1988 Tour de France - Stage 11
En el Tour de 2006 Óscar Pereiro atacó guiado por los sabios consejos de Perico Delgado mientras los otros comían. A él le salió bien y consiguió ganar la etapa, pero se arriesgó a quedarse sin energías y sufrir la pájara del ciclista. Dicha pájara es una bajada en la cantidad de glucosa que tenemos en la sangre.
La glucosa de la sangre es importantísima, ya que es el alimento que prefieren nuestras neuronas. De ellas depende que los músculos se activen, y, si las negamos el alimento, ellas nos niegan el movimiento. La glucosa de la sangre la pone el hígado, de sus 70 gramos de reserva.
A las intensidades de ejercicio que pedalean los ciclistas en una etapa llana (70% de su capacidad aeróbica máxima) sus músculos oxidan medio gramo por minuto de la glucosa del hígado y las piernas tienen para unos 140 minutos de ejercicio. Si los ciclistas del Tour pasan más de tres horas de pedaleo intenso sin ingerir nada de carbohidrato llegan a un punto sin retorno. La pájara aparece y terminan la etapa remolcados por sus compañeros y los coches escoba. Por ello, los ciclistas comen y comen cuanto pueden en la bicicleta.
La estrategia nutricional es muy sencilla: come tanto carbohidrato como tu estómago pueda vaciar. La nutrición deportiva les aconseja tomar carbohidratos disueltos en agua, pues así también se rehidratan. Bebidas con concentraciones de carbohidratos por encima del 12% se vacían más lentamente que las que tienen entre 6% y 8%. Por eso los geles y barritas hay que tomarlos con agua para que se disuelvan.
El carbohidrato es un combustible primordial para las piernas del ciclista, pero es que, además, tiene un efecto en su cabeza. Se ha observado que sólo con que los ciclistas se enjuaguen con una bebida con carbohidratos, sin ingerirla, mejoran un 3% sus tiempos en una contrarreloj simulada. Parece ser que tenemos sensores en el paladar conectados con el cerebro que al comer carbohidratos se activan y producen un efecto desfatigante.
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Ricardo Mora es fisiólogo del Ejercicio de la Universidad de Castilla-La Mancha.
lunes 13 de julio de 2009
La bicicleta de Lance pintada por Damien Hirst

Lance Armstrong and Nike Unite to Launch Stages a Global Art Exhibition
Lance Armstrong and Nike Unite to Launch Stages: a Global Art Exhibition
Over twenty renowned artists have donated their time and creativity to express the LIVESTRONG message and raise funds for the Lance Armstrong Foundation, which is committed to inspiring and empowering people affected by cancer.
STAGES is more than an event. It is a unique celebration of human potential inspired by Lance and dedicated to the fight against cancer.
It unites the worlds of art, philanthropy and sport by commissioning some of the most renowned figures in art to produce work inspired by Lance and his fight against cancer.
The exhibition opens at the Galerie Emmanuel Perrotin in Paris before travelling to the United States this fall.
All work is available for purchase with proceeds directly benefiting the Lance Armstrong Foundation.

Damien Hirst (Bristol, 7 de junio de 1965) es un artista británico, el más prominente del grupo llamado Young British Artists («jóvenes artistas británicos», o YBAs por sus siglas en inglés). Ha dominado la escena del arte en Inglaterra desde principios de los 90 y es internacionalmente conocido como el artista vivo con la obra mejor pagada.
domingo 12 de julio de 2009
Los mecánicos - Escrito por Eugenio Fuentes
Caida de Menchov en Giro d'Italia 2009
Nadie los conoce. Sólo se les ve cuando saltan de un coche en marcha para cambiar en segundos una rueda pinchada, o cuando se asoman en postura acrobática por la ventanilla para ajustar un cambio o apretar la tija de un sillín. Y sin embargo son imprescindibles: el éxito en una carrera reside en las piernas de los corredores y en las manos de los mecánicos. Los ciclistas son conscientes de su importancia y los recompensan con la décima parte de la bolsa común y solidaria donde se guarda el dinero que todo el equipo va ganando. Las otras nueve se reparten por igual entre los nueve corredores.
Los mecánicos son los primeros en comenzar el trabajo diario y resulta curioso ver cómo se afanan en el camión-taller en las horas previas a la salida. Es su territorio y advierten al intruso que se acerca: "Que no toque una bicicleta nadie que no sepa cuidarla". Allí dentro huele a una mezcla de herrería y linimento, como si al mismo tiempo atendieran a la mecánica y a curar las heridas. Examinan cada bicicleta con la tensa concentración del escudero que afila las armas para la inminente batalla de su caballero, vigilan su peso como un dietista vigila el peso de sus pacientes, cuidando de que no bajen de los 6,800 kilos que establece la UCI, aprietan un tornillo invisible o fijan una zapata con una meticulosa y tierna precisión. Dominan un vocabulario técnico al que los demás no tenemos alcance: roldanas, tronchacadenas, tija, trinquete, bulones, cala, buje, llave de dados..., y conocen qué lugar ocupa cada pieza y qué función desarrolla en el delicado organismo de la máquina. Saben bien que una bicicleta no es sólo un puñado de hierros al que se le han articulado dos ruedas con cubiertas de caucho. Por eso, cuando están solos les hablan al oído de los manillares, les palmean el lomo y les limpian la suciedad hasta sacarles brillo.
Muchos de ellos fueron en su día corredores que no llegaron a triunfar y ahora compensan su fracaso con las victorias de los suyos. Cuando gana uno del equipo con la bicicleta que ellos han ajustado, en el fulgor de alegría que abrillanta sus ojos se descubre una tierna chispa de nostalgia.
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Eugenio Fuentes es escritor .
sábado 11 de julio de 2009
Molinillo, ¿sí o no? - Escrito por Ricardo Mora
Lance Armstrong-Hautacam Attack 2000 Tour
Ya estamos enfrentados de nuevo, por un lado los seguidores de subir dando muchas pedaladas con poco desarrollo (el molinillo de Armstrong que sube a 90 pedaladas por minuto) y por el otro, los que van atrancados pero seguros (Carlos Sastre y sus 70 pedaladas por minuto). ¿Quién lleva razón? Pues, probablemente, depende de la potencia máxima de cada uno.
Ciclistas con poca potencia máxima en las piernas suelen elegir ir a más revoluciones para compensar. Aumentar las pedaladas reduce la resistencia a vencer en cada golpe de pedal y ahí se ahorra. Por otro lado, dar tantas pedaladas aumenta el gasto energético al tener que reclutar los músculos tantas veces. También dando muchas pedaladas el flujo de sangre no se estrangula como cuando se dan esas pedaladas eternas donde el ciclista estira el cuello para subirse al pedal. Los pro-molinillo dicen que pueden pagar la penalización en gasto energético, puesto que van sobrados de consumo de oxígeno máximo, y a muchos no les falta razón. La ciencia sostiene que a medida que se empina la carretera deben subir las pedaladas por minuto. A 60 se gasta más energía, sube más la frecuencia cardiaca y te cansas más que a 80 pedaladas por minuto. Pero esta tendencia a la subida tiene un límite, puesto que a 100 revoluciones por minuto todo se vuelve a disparar. En ese rango entre 70 y 95 revoluciones, cada uno se acopla a su gusto.
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Ricardo Mora es fisiólogo del ejercicio de la Universidad de Castilla-La Mancha.
¡Arriba las bicicletas!
El Terrat en el Tour
En Contrarreloj, Eugenio Fuentes (Cáceres, 1958) coloca a su detective, Ricardo Cupido, sobre una bicicleta y lo condena a escalar el Tourmalet. La narración del viaje es el corazón de la novela, ocupa seis páginas, dos párrafos densos separados por un punto y aparte que se leen sin aliento, con la misma falta de oxígeno que agobia progresivamente al voluntarioso pedalista según va consumiendo repechos y curvas de herradura. Es un viaje físico, del valle a la cima de la montaña, en el que, según cambia el paisaje y sus olores, sus ruidos, cambia la voz narrativa; es también un doble viaje interior, el que acomete el hombre en busca de sus límites, el espiritual, el que le hace trascender, transformarse. Es un viaje literario, poético, liberador. Éste, que experimenta en los Pirineos Fuentes-Cupido -el novelista no escribe de oído: antes de contarlo lo experimentó-, es uno de los poderes benéficos de la bicicleta, herramienta de transporte de la clase trabajadora que cobró aura épico-literaria gracias a carreras como el Tour, a héroes de carne y hueso como Fausto Coppi, como Jacques Anquetil, como Federico Bahamontes. En ellos, en ciclistas convertidos en mito por Roland Barthes en los años cincuenta, es decir, en su infancia, pues sólo el niño se deja engañar a sabiendas, comienza su viaje, en bicicleta, por supuesto, hacia la utopía social y urbana Marc Augé, un etnólogo francés (Poitiers, 1935), un idealista que, emulando a Blaise Pascal, filósofo e inventor de la carretilla, piensa que si pedalea existe. Como es sociólogo, y no parece marxista, Augé cree -y lo cuenta de una manera hermosa y breve: el poder terapéutico del ciclismo alcanza a todos los atributos de quienes lo practican- que el gesto precede a la función, que el uso de la bicicleta como medio de transporte cotidiano no es tanto el producto de una realidad social y cultural sino que es, precisamente, la palanca que puede transformar la sociedad. Como los socialistas utópicos del siglo XIX, barridos por la terquedad de la realidad, por su resistencia a adaptarse a sus ideas, Augé es consciente de lo utópico de su propuesta, pero no por ello, terco como cualquier ciclista aficionado que se niega a bajarse de la bicicleta para terminar, agotado, a pie la ascensión al Tourmalet, renuncia a ella. Entre el capitalismo y el socialismo, a la felicidad por la bicicleta, la tercera vía. El elogio de la bicicleta se convierte, inevitablemente, en una proclama que el autor termina a lo grande: "¡Arriba las bicicletas para cambiar la vida! El ciclismo es un humanismo".
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suplemento Babelia
Carlos Arribas
El escalador - Escrito por Eugenio Fuentes
1951, Dax-Tarbes
En las etapas llanas de los primeros días, los escaladores desarrollan un espíritu parasitario. Se acurrucan en la cola del grupo, procuran no dormirse en el vaivén con que los rodadores mecen al pelotón para luego descuartizarlo por sorpresa y se dejan llevar subidos en las espaldas de los más rápidos. Pero en cuanto chocan con un puerto se dispara en ellos un resorte gótico que estimula su anhelo hacia las alturas. Son tipos que de niños trepaban a los tejados y a los árboles, y ahora les gusta quedarse a solas con los pájaros en las cimas de las montañas y ser los últimos en ver morir el sol en el ocaso. Para eso se atreven a desafiar la ley de la gravedad, esa extraña codicia con que la tierra se niega a dejar escapar de su seno a sus criaturas. Ante las rampas, el escalador aprieta los dientes y pone a trabajar todas las partes de su cuerpo: las piernas que empujan los pedales, los riñones que empujan las piernas, los brazos aferrados al manillar como si empujaran una carretilla cargada de arena. Alcanzada esa tensión que los hace ingrávidos, si uno deja de verlos durante los segundos en que trepan una de esas brutales curvas de herradura que van de una rampa dura a otra peor, puede pensar que han usado una pértiga en lugar de una bicicleta.
Cada uno tiene una montaña preferida cuyo perfil lleva tallado en el rostro, que en cada ascensión se ha erosionado hasta parecerse al puerto. La misma nieve ha astillado la cumbre y la nariz del escalador, el mismo viento ha arrancado la vegetación de las alturas y parte de su cabello, el mismo sol que broncea los bosques ha bronceado su barbilla. Su desdén por la técnica, esencial para el contrarrelojista, y su fe en la fuerza y la capacidad de sacrificio despiertan la admiración de los aficionados, que ven que el podio no siempre cuenta con ellos. Pocas imágenes son más hermosas que un escalador al ataque, en pie sobre la bicicleta, con los ojos puestos en la cima y en los dientes la ambición de empotrarse contra el cielo mientras los relojes estallan en pedazos.
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viernes 10 de julio de 2009
Prosas apátridas
Julio Ramón Ribeyro (1929-1994)
El amor, para existir, no requiere necesariamente del consentimiento, ni siquiera del conocimiento del ser amado. Podemos querer a una persona que nos desprecia e incluso que nos ignora. La amistad, en cambio, exige la reciprocidad, no se puede ser amigo de quien no es nuestro amigo. Amistad, sentimiento solidario, amor solitario. Superioridad de la amistad.
página 111
jueves 9 de julio de 2009
El músculo cambia para afrontar el Tour - Escrito por Ricardo Mora
Jan Ullrich - Andorra Arcalis 1997
Los seres humanos tenemos en nuestros músculos fibras lentas y rápidas. En realidad las lentas no lo son tanto, puesto que se contraen en tan solo 0,2 segundos. La mayoría de nosotros tenemos la mitad de nuestros músculos formados por fibras lentas y la mitad por fibras rápidas. Si al músculo le sometemos a las demandas del pedaleo durante horas, días, meses y años, éste se adapta a esa tarea. Como en el pedaleo el tiempo en el que el pie empuja el pedal es relativamente largo (0,75 segundos si se pedalea a 90 revoluciones por minuto), el tipo de fibra idóneo para esta tarea es el de tipo lento.
No hay estudios que lo confirmen, pero es probable que el tipo de fibras en el cuádriceps de un ciclista mute hacia las lentas con los años de entrenamiento. El ciclista o el entrenador no pueden ver estos cambios, puesto que suceden dentro del músculo. Sin embargo, podemos medir la eficiencia de la pedalada. La eficiencia de pedaleo es la energía gastada por kilómetro avanzado y ésta tiene una estrecha relación con la cantidad de fibras lentas en las piernas del ciclista. Las fibras lentas son energéticamente más eficientes que las rápidas. Solamente alrededor de un 20% de la energía gastada por el ciclista termina moviendo las piernas del corredor; el 80% restante de la energía va a otros músculos, o se disipa como calor.
Así, se vio que Armstrong aumentó su eficiencia del 21% al 23% en siete años (1993-2000). Un estudio reciente confirma que Armstrong no es especial, sino que 12 ciclistas de la ONCE también aumentaron del 24 al 27% su eficiencia a lo largo de cinco años de participación en grandes vueltas. Es solamente un 3% de ganancia, pero si lo multiplicamos por las casi 6.000 kilocalorías que gastan en las etapas fuertes, nos sale un importante ahorro energético.
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Ricardo Mora es fisiólogo del Ejercicio de la Universidad Castilla-La Mancha.
El líder - Escrito por Eugenio Fuentes
1995, Lance Armstrong
El liderazgo de un equipo ciclista no se recibe como un regalo del azar o del cielo, sino que se gana como un botín de guerra. Para merecerlo, además de los éxitos previos, son necesarias dos virtudes primordiales: las fuerzas y el carácter. Un líder debe mostrar un carácter tan firme que nadie de su equipo le exija que demuestre sus fuerzas, y debe tener tantas fuerzas que nadie se atreva a poner a prueba su carácter. Cuanto más sólido sea este último, más rendimiento sacará de aquéllas. Dicho de otro modo: un líder es definitivamente reconocido cuando, aunque no lance ningún ataque, todos están convencidos de que puede lanzarlo. Así ocurría con Merckx, con Hinault, con Armstrong, que hundían al rival desatando sobre la ruta una furiosa respuesta al desafío.
Ese prestigio hace que sus escuderos se pongan ciegamente a su servicio y le vayan abriendo de par en par la carretera, impidan que el viento devore sus fuerzas y protejan sus ruedas de roces ajenos y su entrada en la penumbra de los túneles. A cambio de la entrega de los suyos, el líder está obligado a dar ejemplo, a ser el primero del equipo en la meta y el último en rendirse. Si vence y se viste el maillot amarillo, descubrirá que hay un sol allí dentro que le da alas sin quemarlo, y le exigirán que vuele. En caso de derrota, nunca debe permitir que lo atrapen vivo y entero en la batalla. Será el primero en ocultar la debilidad y cicatrizar las heridas para estar al día siguiente disponible, aunque haya sido el último del grupo en recibirlas.
Un equipo sin líder no destaca, del mismo modo que un equipo con dos líderes es una buena forma de provocar una guerra civil: brotan los celos, los esfuerzos se dispersan, se duermen los centinelas y los gregarios no saben a quién entregar el último bidón de agua o el último puñado de polenta que llevan en las alforjas. En el pasado Mundial de ciclismo celebrado en Varese, el potente equipo español competía con dos líderes, Alejandro Valverde y Óscar Freire. Mientras ambos discutían, el italiano Alessandro Ballan ganó la carrera.
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Eugenio Fuentes es escritor
miércoles 8 de julio de 2009
En cabeza, el doble de esfuerzo - Escrito por Ricardo Mora
1987 Tour de France Team Time Trial
Desde el año 2005 no se disputaba una contrarreloj por equipos. Ayer asistimos a los 39 kilómetros más rápidos del Tour, con velocidades por encima de 50 km/h de promedio; una hazaña de fuerza y de coordinación milimétrica. Salen vestidos de gala los nueve componentes del equipo, pero el tiempo que cuenta es el del quinto que entre en la meta. Por eso, no vale tirar a muerte con los llaneadores, hay que hacer la carrera para que el escalador no pierda rueda. Si alguno va mal, se puede descolgar del grupo, pero no demasiado pronto porque perdería muchos segundos en la general. Los rodadores hacen relevos más largos y están más tiempo en la cabeza del grupo. Todos ellos viajan a 50 km/h, pero el de cabeza va haciendo casi el doble de trabajo que los demás (480 vatios frente a 270).
Y esto, ¿por qué? A velocidades mayores de 30 km/h, la resistencia que ofrece el aire al avance del ciclista es más de un 80% de la fuerza que tiene que hacer en los pedales. Cuanto más veloz viaja el ciclista, más resistencia le opone el aire. Para hallar esta resistencia aerodinámica tenemos que medir la velocidad y densidad del aire, el área frontal del ciclista y un coeficiente de resistencia (Cx) que se mide en un túnel de viento. Este último depende de la forma de la bici, del casco y del ciclista. De ahí los trajes pegados al cuerpo, los cascos terminados en cola, los cuadros planos y los manillares con alerón. Para reducir el área frontal, el manillar obliga a mantener los codos casi juntos y está un poco más bajo de lo normal respecto del sillín. Esto hace que el ciclista adelante su posición en el sillín (en detrimento de su próstata) como si fuese a deslizarse y caer en la barra. La rodilla se adelanta unos centímetros respecto al eje del pedalier, lo que hace que el cuádriceps contribuya más a la pedalada y el glúteo un poco menos. Así, la frecuencia de pedalada es más ágil. Después, en la cola del grupo se puede recular un poco la posición y dejar que el glúteo (un músculo potente pero más lento) tome el relevo.
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Ricardo Mora es fisiólogo del ejercicio en la Universidad de Castilla La Mancha.
martes 7 de julio de 2009
El contrarrelojista - Escrito por Eugenio Fuentes
1989 Tour de France Final Time Trial
Frente a los deportes rectilíneos que buscan la distancia más corta entre dos puntos o se desarrollan en canchas cuadriláteras, en el ciclismo impera la curva. El corredor que mejor domine la geometría del círculo tendrá más posibilidades de ganar. En una bicicleta, las ruedas son circunferencias sostenidas por radios y el juego de marchas está organizado en platos y coronas. Manillares, casco, cuadro y complementos llevan redondeadas las aristas para burlar la resistencia del aire. El pedaleo es bueno cuando es redondo y, cuando no, los ciclistas se retuercen sobre el sillín. En todas las carreteras, incluso en las llanuras, siempre hay giros. En las montañas, los puertos se suben mediante curvas y contracurvas de herradura. Los nombres de las grandes competiciones son variaciones semánticas de la circunferencia: Vuelta, Tour, Giro.
En este universo sinuoso, el especialista en contrarreloj es un deportista equivocado: nació para ser atleta de líneas rectas, pero práctica un deporte de anillos. Por eso es feliz en las rectas interminables, donde conduce su bicicleta como una lanza y sufre al chocar contra la triple ondulación de las rotondas. Cuando agacha la cabeza sobre el manillar de triatlón, se convierte en un caballo que ignora que la Tierra es redonda y el universo curvo. Sus piernas no pedalean: percuten sobre los pedales. No es una casualidad que Indurain, el paradigma del crono, bautizara su máquina con el nombre de Espada.
Suelen ser tipos altos, de pies grandes, de espalda arqueada y cuerpo recogido para que no entre aire, con una técnica exquisita en la postura y en el pedaleo. Para cortar el viento, el contrarrelojista elimina todo lo plano y frontal y agudiza su perfil de centauro. Su rostro -el mentón, la nariz, la frente- se afila hasta que también las pupilas dejan de ser redondas y en ellas, como en las de los tigres, brotan dos cuñas que parten el reloj en dos pedazos. Conocen el valor de las décimas de segundo, frente a los escaladores que calculan el botín en minutos. Mueven desarrollos brutales -55x12-, porque saben que cuando uno pedalea con desarrollo escaso termina creyendo que tiene más fuerzas de las que en realidad tiene. Y en la meta siempre se termina pagando esa confianza.
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Eugenio Fuentes es escritor
lunes 6 de julio de 2009
Por qué Armstrong se cansa antes - Escrito por Ricardo Mora
Bernard Hinault analiza la etapa 4
Michael Jordan compitió hasta los 39 años, Andre Agassi y Pete Sampras disputaron el Open de Estados Unidos bien cumplidos los 30. Donato defendió la camiseta del Deportivo a los 40. ¿Significa esto que Mario Cipollini o Lance Armstrong pueden rendir como hace tres años? Puede ser, pero en el ciclismo se depende más del oxígeno que en los deportes de equipo o en el tenis. A pesar de entrenarse como los jóvenes, el sistema cardiovascular de los deportistas mayores de 40 años pierde potencia. Esto no significa que el ejercicio no tenga consecuencias saludables en esa edad, sino que no se pueden parar los efectos del envejecimiento.
El máximo ritmo de contracción del corazón disminuye con el envejecimiento. Cuando envejecemos, la conducción de los impulsos a través del cableado del corazón se ralentiza. Por ejemplo, Armstrong bajó su frecuencia cardiaca máxima desde 207 latidos por minuto en 1992, cuando tenía 20 años, a 200 en 1999, cuando tenía 27 y acababa de ganar el primer Tour. Al parecer, eso afectó a su rendimiento.
En este periodo otros factores jugaron a su favor. Perdió siete kilos (debido al cáncer) y su eficiencia de pedaleo aumentó un 8%. A latido reducido por año, esperamos que en este Tour el tejano, de 37 años, sólo pueda subir sus pulsaciones hasta 190. ¿Van a pasarle factura esos 10 latidos perdidos desde el 1999? En los puertos, el corazón bombea hasta 150 mililitros de sangre por cada latido llevando 27 mililitros de oxígeno. A las piernas de Lance se le ofrecerán 270 mililitros menos que hace 10 años. Esto representa casi un 5% de su máximo consumo de oxígeno, o sea, que tendrá un 5% menos de potencia aeróbica. Sus músculos pueden haber aprendido a suplir el déficit de oxígeno adelantando energía con el sistema anaeróbico. Pero no se puede hipotecar mucha energía, puesto que al final las hipotecas hay que pagarlas.
www.elpais.es
Ricardo Mora es fisiólogo del ejercicio en la Universidad de Castilla-La Mancha.
viernes 3 de julio de 2009
Jacque Anquetil, el primer Lance
1964 - Étape 9 - Briançon - Monaco
1964, hace ya 45 años, Jacque Anquetil gana la etapa 9 en Mónaco y conquista por quinta vez el Tour
Conocido por los apodos Maître Jacques, Monsieur Crono y L'Enfant Roi, obtuvo las victorias absolutas en la tres Grandes Vueltas siendo el primer ciclista en ganar por cinco veces el Tour.También consiguió dos Giros y una Vuelta.
jueves 2 de julio de 2009
Grand Départ du Tour de France.
Les villes étapes 2009 : visitez Monaco
El sábado comienza la 'grande boucle' en Mónaco
miércoles 1 de julio de 2009
Aparte de epiléptico, fumao
Antony and the Johnsons | Epilepsy Is Dancing from eplanets on Vimeo.
Antony and the Johnsons - Epilepsy is Dancing
La canción viene en el albúm The Crying Light (2009) y el video es dirigido por los hermanos Wachowsky, autores de la saga Matrix.
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