
Las instrucciones que nos habían dado eran claras, teníamos que estar temprano en el Aeropuerto para no tener problemas al embarcar las tablas de surf en el avión. La línea en la que viajábamos era la única que supuestamente aceptaba tablas en los vuelos internos de Costa Rica. Habíamos llegado la noche anterior a San José y dormimos en un pequeño hotel donde dejamos reservada una van con chofer, para que nos llevara temprano al Aeropuerto.
San José queda entre montañas y en la mañana hacia bastante frío. Llegamos bastante temprano a un aeropuerto que queda en plena ciudad, donde operan solo pequeñas aerolíneas locales . No había nada de cola en el counter y un operador nos atendió apenas llegamos. Aparte de las dos tablas de surf, teníamos que chequear cuatro bolsos pequeños con la suficiente ropa para estar cuatro días en un sitio del cual no sabíamos nada. Rápidamente nos cobraron 25$ adicionales por cada tabla y también nos entregaron un formulario para cancelar unos impuestos. Teníamos que esperar unos treinta minutos para que despegara el vuelo. Poco a poco el aeropuerto se fue llenando sobre todo de turistas. Nosotros compramos una empanadas típicas Bolivianas y café con leche Britt
Después de escuchar el anuncio del vuelo y la obligatoria revisión de los bolsos de mano, hicimos una pequeña cola justo en la puerta del avión. Desde allí se veía que las tablas ya estaban dentro del avión, ocupando toda una fila de asientos. Al ver las tablas ya embarcadas comenzamos con las conjeturas respecto al tamaño de olas que nos esperaban en Tamarindo. Después de unos diez minutos, vemos que el piloto o copiloto junto a un maletero y su carretilla, bajan las tablas del avión. Nosotros, que todavía no teníamos la menor idea del comportamiento del Tico, nos vimos a la cara con una risa interrogante y nos dispusimos a ver la escena que se desarrollaba. Al momento de pasar frente a nosotros el carretillero, le preguntamos a donde iba con las tablas. Nos informó que el vuelo se había llenado y que las tenían que enviar en el siguiente vuelo disponible.
- como?. Y cuando es el siguiente vuelo disponible?.
- No se, pero estas son las regulaciones de la aerolínea. Transportamos las tablas de surf, siempre y cuando halla disponibilidad de espacio en el avión.
- Pero eso no me lo dijeron cuando me cobraron 25$ por cada tabla, hace nada mas que media hora. Si me lo hubieran dicho en ese momento yo hubiera sabido a que atenerme. Ahora que quieres que hagamos nosotros en un paseo a Costa Rica para surfear, sin tablas de surf.
- Hoy hay otros dos vuelos a Tamarindo.- Me dice el piloto.
- Y las piensan mandar en alguno de esos vuelos?.
- No se. Me contesta. –Pero le agradecería que fueran montándose en el avión, ya los demás pasajeros lo hicieron y este vuelo es con escala.
- No se si usted me entiende. Vinimos hasta Costa Rica a surfear y si no tenemos las tablas, no tenemos nada que buscar en Tamarindo. Cuando averiguamos, nos dijeron que esta línea transportaba tablas, la única condición que nos pusieron fue que llegáramos temprano y eso fue lo que hicimos. Nos pidieron 25$ por cada una. Hasta el momento nosotros hemos cumplido con lo que nos pidieron. Cumplan ustedes con lo prometido.
- Les recomiendo que se monten ya. Estoy seguro que hoy mismo les llegan sus tablas. Yo mismo tengo que venir y volver a Tamarindo esta tarde.
Nos vimos las caras, sin tener otra cara que no sea la del que esta jodido y no tiene otra opción que no sea confiar en el destino.
Llegamos a Tamarindo y nos estaban esperando en el aeropuerto con una camioneta que habíamos alquilado desde San José. Antes de salir del aeropuerto, preguntamos por la hora de llegada del siguiente vuelo. Nos informaron que sería al mediodía. Eran las nueve de la mañana todavía. Decidimos adelantarnos e irnos hasta el hotel para instalarnos. El Hotel es una gran hacienda que queda a unos veinte minutos desde el aeropuerto por una carretera de tierra. Para llegar hasta él, hay que atravesar un pequeño y caótico pueblo lleno de gringos surfistas , Italianos también surfistas y cualquier cantidad de fanáticos de las olas y las drogas blandas.
Después de registrarnos en el hotel decidimos volver al aeropuerto a esperar el vuelo con nuestras tablas. Sin ningún retraso llego el avión, pero sin las tablas. Le preguntamos al piloto y nos dice que no tiene la menor idea de lo que le estamos hablando, pero nos dice que no nos preocupemos, a las dos de la tarde llega otro vuelo. Esta vez pedimos el teléfono de las oficinas de la línea en San José y sin otra cosa que hacer nos devolvimos al hotel a esperar. Desde el hotel y ya cerca de las dos de la tarde decidimos llamar a San José. Nos asiste el recepcionista del hotel. Desde el otro lado del teléfono le informan que el vuelo fue suspendido por falta de pasajeros. También le dicen que las tablas van a ser enviadas en el primer vuelo disponible, pero que no se atrevían a asegurar una fecha. Ya habíamos perdido un día de vacaciones y el futuro indicaba que seguiríamos perdiendo mas. Como último recurso, le pido al recepcionista que le pregunte por alguna alternativa. Trato de hacerle entender que estar en Costa Rica sin tablas es como no estar. El recepcionista lo único que me repetía era, -Si don Andrés. Pero se veía que era poco lo que estaba logrando. En un acto de desesperación ligado con la sensación de estar siendo estafado, le pido al recepcionista que me permita el teléfono. Como uno ya ha visto muchas veces esta escena, lo único que hago es repetirla. Lo primero que hago es pedir por un supervisor que pudiera con certeza decirme lo que se puede y lo que no se puede hacer en un caso como este. Después de soltarle un largo y fastidioso discurso sobre el mal servicio y después de escuchar nuevamente y repetidamente, - Si Don Andrés, usted tiene toda la razón. Trato de calmarme. Le pregunto al supervisor por los vuelos del día siguiente y me contesta que tienen varios, pero también me dice que no puede darme seguridad de si las tablas volarían en alguno. No le saque la madre al tico por que sabía que me respondería, -Pura vida Don Andrés. Se me ocurrió preguntarle que tan lejos quedaba Tamarindo de San José en carro.
– Unas seis horas Don Andrés, y por carretera mala.
– Y cuanto cobra un Taxi por venir de San José hasta Tamarindo?.
– No se Don Andrés, pero debe de ser costoso.
– Dígame usted, se cree en la capacidad de ir hasta la puerta del Aeropuerto y preguntarle a un Taxista cuanto cobraría por traer las benditas tablas ? .
– Si Don Andrés, déjeme ver y le averiguo.
– Bueno, yo espero.
– Don Andrés. 200$ es lo que cobran.
Le pido que espere. Mientras, consulto con el resto de los perjudicados. Unánimemente decidimos que es mejor perder 200$ y tener las tablas a no tener nada que hacer en Costa Rica.
- -Bueno. Cree usted que puede mandarnos las tablas hasta el hotel en Tamarindo?.
- -Si Don Andrés, cuente que aproximadamente las nueve de la noche tiene sus tablas.
- -OK. Agarre los 50$ que nos cobraron por no traernos las tablas y déselos de adelanto al chofer. Nosotros aquí pagamos el resto.
Llegaron las tablas esa misma noche. Lo que no llegaron fueron las olas, pero si llegaron los mosquitos, junto con buena comida en buenos restaurantes y acompañado de buenos amigos.
Cara e’ Diablo y Compañía: COSTA RICA. PURA VIDA!!!!!!!!!!